Wakey, wakey, rise and shine
It’s on again, off again, on again
Watch me fall like dominoes in pretty patterns
Veníamos de ver aviones a una reunión de dos ambientes, pero recién nos conocíamos. Habías escrito recientemente el “sol lila” y repartías pequeños cuadernos de colores escritos a mano. Todo eso me pareció muy extraño, entonces entendí que en ese sueño eras Hernández. Te dije que ya te había leído, aunque escribías por primera vez. Nos quisimos ocasionalmente, sin responsabilidades, entre el espectáculo borroso del que despierta de madrugada, Nos despedimos antes de despertar.
(…)
Fija en tu memoria esa enseñanza del paisaje,
y esta otra:
de cuando acercaste al árbol reseco un fosforito trivial
y ardió demasiado súbito y desmedido
como si fuera de pólvora.
No te culpes, quién iba a calcular tamaño estropicio!
Y acepta: el fuego ya estaba allí,
tenso y contenido bajo la corteza,
esperando tu gesto trivial, tu mataperrada.
Recuerda, pues, ese repentino estrago (su intraducible belleza)
sin arrepentimientos
porque fuiste tú, pero tampoco.
Así
en todo.
José Watanabe







